miércoles, 20 de enero de 2016

Retropost #557 (18 de octubre de 2005): Rayuela 104



Al pasar por un kiosco, después de dejar a los críos en el cole, compro el primer volumen de las Obras completas de Cortázar, y voy leyendo al sol y andando y pisando charcos:



104. La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.
La vida, un ballet sobre un tema histórico, una historia sobre un hecho vivido, un hecho vivido sobre un hecho real.
La vida, fotografía del número, posesión en las tinieblas (¿mujer, monstruo?), la vida, proxeneta de la muerte, espléndida baraja, tarot de claves olvidadas que unas manos gotosas rebajan a un triste solitario.

Ficción existencialista. Ponte un blog, Morelli. Casi me atropella un coche. Yo ya leí esto, lo sé porque que leí Rayuela, pero no me acuerdo. Lo pienso como si fuera mío, sin embargo. ¿Me acuerdo? Podría haberlo escrito creyendo que era mío. Pero de fue Cortázar antes. El intertexto interno. Veinticinco años. Los átomos ganchudos de la memoria, cómo lo decía Lowes. Coleridge. Estamos hechos de retazos. Esto es un libro total, un libro extremo, poem unlimited. Me ha tenido que influir. Estoy hecho de esto, sin duda. Pero no me acuerdo. No me acuerdo porque lo soy. No, estúpido, la memoria es más débil que todo eso. Por una oreja me entra y por la otra me sale. La vida ya era así antes, nunca tan bien dicho. Ahora es más así. Ha relativizado nuestra perspectiva sobre el mundo (todos somos Hamlet ahora). Nos vemos todos desde la calle haciendo piruetas en lo alto. Ese instante. Por eso siento que sos mi doppelgänger. Consultá a Dostoyevski para eso de las sustituciones.






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