sábado, 7 de mayo de 2011

Semiología del personaje literario

Notas extraídas del artículo de  Philippe Hamon, "Pour un statut sémiologique du personnage." Segunda versión, aparecida en Roland Barthes et al., Poétique du récit (Paris: Editions du Seuil, 1977). 115-180.
 


Hacia una constitución semiológica del personaje

Según Genette, la psicología está en el texto, en las condiciones de verosimilitud de la época, y no en "el personaje". Sin embargo, los modelos psicológicos (character) y dramáticos de caracterización de los personajes siguen siendo los predominantes. Esto se ve reforzado por el psicoanálisis. No tiene sentido el psicologismo aplicado a los personajes. Un análisis estructural del personaje puede plantearse únicamente en el seno de una semiología más desarrollada que la actual.

El personaje no es necesariamente una noción literaria, ni antropomórfica; es una reconstrucción del lector tanto como una construcción del texto. Pero la semiología no explica todo: también está el juego aparte de la comunicación. Además, cada texto tiene su propia "gramática". Hay diferentes niveles que tener en cuenta: Napoleón no es el mismo personaje en la historia y en la novela de Tolstoy. 

Podemos distinguir tres tipos de signos: referenciales, deícticos (como los conmutadores) y anafóricos (los que remiten al enunciado, al texto mismo). Del mismo modo, pueden distinguirse:
- Personajes referenciales: históricos, mitológicos, o sociales... por ejemplo personajes-tipo como "el obrero". Remiten a una significación cultural, y producen, cuando son reconocidos, un "efecto de realidad".
- Personajes-conmutadores: portavoces, coros, interlocutores socráticos, charlatanas, etc.
- Personajes-anáfora. Son signos mnemotécnicos para el lector. Son predictores, o bien tienen memoria, etc. (Los informadores de Propp). Son elementos con función organizativa y cohesiva.
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Un personaje dado puede ser polivalente.

124- Hamon define al personaje, desde el punto de vista semiológico, como un morfema de doble articulación, migratorio, manifestado por un significante discontinuo (constituido por un determinado número de marcas) que remiten a un significado discontinuo (el "sentido" o el "valor" de un personaje): será definido, por tanto, por un haz de relaciones de semejanza, de oposición, de jerarquía y de ordenación (su distribución), relaciones que contrae en el plano del significante y del significado, sucesiva y/o simultáneamente, con los otros personajes y elementos de la obra, ya sea en un contexto próximo (con los otros personajes de la misma novela, de la misma obra) o en contexto lejano (in absentia: con los personajes del mismo tipo).


1. El significado del personaje

El personaje puede considerarse, siguiendo el enfoque semiológico de Jakobson, como un haz de elementos diferenciales. Se construye, no se reconoce (Lévi-Strauss). Según Todorov, es una "forma vacía que viene a ser llenada por los diferentes predicados (verbos o atributos)" por efecto acumulativo del texto. Las referencias históricas o geográficas se reconocen y se comprenden a la vez, dando lugar a un efecto de real, haciendo además que quede subrayado el destino (conocido por anticipado) y dando lugar también a una condensación de roles estereotipados.

Cada obra opone a sus personajes según rasgos distintivos: algunos tienen más importancia que otros (oponen a todos los personajes). Pueden clasificarse y oponerse los personajes según el número de rasgos que se les aplican: también según las funciones que asumen. Cada rasgo es a su vez analizable: así, el sexo no es simplemente masculino o femenino, es también no sexuado, no femenino, etc. Esta información puede venir a través del personaje mismo o de otro. La información puede presentarse como calificación, como virtualidad o como acción.

Problemas para el análisis:

a) Determinar los ejes semánticos, y los rasgos pertinentes en su interior.
b) Clasificar los ejes y los rasgos en función de su "rendimiento" narrativo.
c) Estudiar los cambios e influencias mutuas de los rasgos en el transcurso de un relato.
d) Estudiar los haces estereotipados de rasgos que se forman y repiten.


2. Los niveles de descripción del personaje

Como los demás signos, un personaje es compuesto, y también componente: funciona en el seno de de una unidad mayor. El actante es una clase de actores, de personajes, definida por un grupo permanente de funciones y de cualificaciones original, y por su distribución a lo largo de un relato. El actante no coincide con el actor, puede haber sincretismos, según la descripción de Greimas. Hay que clasificar a los actores y a los actantes. Las descripciones entendidas como actantes colectivos.

Por ejemplo, un contrato:

(1) Mandato: el Destinador propone un Objeto a un Destinatario.
(2) Aceptación o Rechazo
(3) (Si hay aceptación): Transferencia del querer: el Destinatario se convierte en un sujeto virtual.
(4) Realización (o no) del programa (el sujeto virtual se convierte en sujeto real).

El lector puede situar a un personaje y prever ciertos desarrollos-tipo (legibilidad del texto). El texto es más legible si los personajes están muy configurados (si son muy típicos).

El personaje se define:

1) Por su modo de relación con las funciones que asume.
2) Por su modo particular de integración (por isomorfismo, multiplicación, sincretismo) en la clase de los actantes.
3) Por su modo de relación con los demás actantes.
4) Por su relación a una serie de modalidades (querer, saber, poder) y su orden de adquisición.
5) Por su distribución en el seno de un relato.
6) Por el haz de calificaciones y de roles al que sirve de base (especialización, etc.).


3. El significante del personaje

El significante del personaje es discontinuo. La etiqueta de la narración clásica en tercera persona se caracteriza por el uso del nombre propio, por la recurrencia, la estabilidad, la riqueza y la motivación de los significantes. El texto moderno, por el contrario, por la inestabilidad del personaje (en Beckett, o en Robbe-Grillet). Un ejemplo de la riqueza del significante: "él / Julián Sorel / nuestro héroe / el joven... a la vez homogéneo y rico. El personaje es un sistema de equivalencias regladas, destinado a asegurar la legibilidad del texto. Pero es una construcción del texto: el nombre propio, el "vacío semántico", es llenado por definiciones, descripciones, etc. Hay que estudiar la distribución de un nombre u otro según el contexto, el punto de vista, etc. Hay un juego con los sistemas de equivalencias gramaticales y su orden.


4. (Los nombres)

Hay diferentes grados de arbitrariedad en el signo. Los nombres de los personajes no son gratuitos: pueden señalar a un sentido alegórico, un tipo, una onomatopeya... La motivación del nombre puede ser:

a) visual. Un nombre con una O puede designar a un tipo gordo.
b) acústica
c) articulatoria (t+k= un golpe)
d) morfológico (derivaciones, etc.)

Estos nombres son programas narrativos condensados. Pero a veces las pistas pueden ser engañosas (por ejemplo, una "Albina" impura).


5.

Todo signo se define por sus restricciones selectivas: lingüísticas, lógicas, estéticas, o ideológicas.

El "héroe" se define por consideraciones estéticas e ideológicas. La percepción del héroe depende del modo de presentación del texto, pero también del universo cultural del lector. Se puede decir que un texto es legible (para tal sociedad en tal época determinada) cuando haya coincidencia entre el héroe y un espacio moral valorizado, reconocido y admitido por el lector.

153- El héroe o protagonista tiene una calificación, una distribución y una funcionalidad diferenciales:

a) (Cualificación): El personaje sirve de soporte a un determinado número de cualificaciones que no poseen, o que poseen en grado menor, los otros personajes de la obra.

b) (Distribución): Aparición de los personajes en momentos marcados o no marcados; aparición frecuente o no.

c) (Combinación): El héroe puede combinarse con cualquier otro personaje, o aparecer solo.

d) Funcionalidad diferencial. El héroe es un mediador: hace, actúa, vence, es glorificado, sabe, participa en un contrato que lo pone en relación con el final del relato. El héroe, sin embargo, puede ser también cualquier actante.

e) Está también convencionalmente pre-designado. Cada género tiene su héroe, designado con marcas...


6.

Puede designarse al protagonista mediante un comentario explícito. Par Lukács, hace falta un protagonista:

"Toda obra cuya composición sea verdaderamente firme contiene una (...) jerarquía. El escritor confiere a sus personajes un 'rango' determinado, en la medida en que hace de ellos ya sea personajes principales o figuras episódicas. Y esta necesidad formal es tan fuerte que el lector busca instintivamente esta jerarquía" (Lukács, Problèmes du réalisme, Paris, 1975, p. 40).


7.

161-162 - "Todo enunciado se caracteriza por la redundancia de las marcas gramaticales". "En el plano del significado, la obra (...) empleará toda una serie de procedimientos emergentes para reforzar la información vehiculada por y para los personajes, que son los apoyos de la conservación y de la transformación del sentido. Es lo que los formalistas rusos llamaban los procedimientos de 'caracterización indirecta'."

El nombre propio del personaje, la descripción del entorno, y los signos del personaje, están "en acorde" (por metonimia). Podría pensarse que este procedimiento no es común en los autores realistas, pero ver Propp 107: el hábitat es para él un atributo del personaje.

Según Jakobson, "el autor realista opera digresiones metonímicas de la intriga a la atmósfera, y de los personajes al marco espacio-temporal. Tiene avidez por los detalles sinecdóquicos" (Essais de linguistique générale, París: Minuit, p. 63).

Para Wellek y Warren, "el entorno es el medio ambiente, y todo medio ambiente, sobre todo un interior doméstico, puede considerarse como la expresión metonímica o metafórica del personaje" (La Théorie littéraire, París: Seuil, 1971, p. 309).

La descripción opera como un actante colectivo. Hay que estudiar sus relaciones con la narración. (Ver el artículo de Philippe Hamon, "Qu'est-ce qu'une description?" Poétique 12 (1972).) Según Bremond, casi siempre es posible convertir las descripciones en proposiciones cuyo auténtico sujeto (desde el punto de vista narrativo) es una persona. Podemos hablar de un antropomorfismo del relato, de una circulación romántica entre descripción y narración. La información sobre los personajes se determinará indirectamente. Además es ésta una doctrina naturalista: para Zola, un personaje es "un organismo complejo que funciona bajo la influencia de un determinado entorno". Determinación del personaje por el entorno:

- Descripción de sus vertimentas, etc.
- Objetos auxiliares como concretización de determinadas cualidades (la maza de Hércules, etc.).
- Referencia a historias conocidas—que pueden servir para determinar su destino.
- El texto se repite a sí mismo, "en abîme", cuando una secuencia particular reproduce el esquema global del relato, o cuando hay un cuadro, una imagen, que funciona como un símbolo reduplicador.
- El personaje también está caracterizado por sus acciones reiteradas y no funcionales.

Determinados tipos de relaciones son preferidas según los textos; además, la información puede ser única, o reiterada.

En suma, el relato está construido por signos que pueden describirse en cuanto a su distribución, combinación, oposición... y el personaje tiene por tanto una dimension, incluso una constitución, semiológica.



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